Cultivadas en las célebres playas del desembarco en la baja Normandía entre dos y tres años.

Se caracteriza por su gran sabor a mar y yodo debido a su tradicional cultivo en ‘plene mer’, donde la ostra disfruta de un mar puro que le confiere su perfume y fineza.

Su perfeccion y redondez en boca provoca una evasión a pleno Atlántico. En especial para los verdaderos amantes de las ostras.

Premiada con la Medalla de Plata 2016 en Paris.